Ordena tu voto.
Y no se pierde ni uno.
Hoy elegimos presidente marcando un solo nombre y, casi siempre, volviendo a votar tres semanas después. Proponemos algo más simple: que numeres a los candidatos en tu orden de preferencia — 1, 2, 3… y los que quieras. Si el tuyo queda de último, tu voto pasa a tu siguiente opción. Un solo tarjetón, un solo día de elecciones.
Hoy todavía no se vota así: hace falta reformar el Artículo 190 de la Constitución. En un tarjetón real, escribir números anula tu voto. El 1·2·3 es la forma de votar que proponemos, no el número de candidatos.
No es un partido. No es un candidato. Es una forma distinta de contar los votos.
Se llama voto preferencial ordinal —o voto alternativo, IRV por sus siglas en inglés—. En vez de marcar un solo nombre, numeras a los candidatos en el orden en que los prefieres. Eso es todo. Ni tecnología nueva, ni una app, ni un partido detrás: el mismo tarjetón de papel, con números en vez de una sola equis.
Hoy usted marca un solo candidato y, si nadie pasa de la mitad, el país vuelve a votar tres semanas después entre los dos punteros. Con el voto ordenado usted numera cuantos candidatos quiera: 1 el que más quiere, 2 el que seguiría, y así. Se cuentan los primeros. Si nadie llega a la mitad, sale el último y cada uno de sus tarjetones pasa al siguiente candidato marcado que siga en carrera. Se repite hasta que alguien pase de la mitad de los votos que siguen contando en esa ronda. Todo el mismo día.
Ordenas cuantos quieras, no tres
El «1·2·3…» es cómo se vota, no cuántos candidatos hay. Si hay ocho candidatos, puedes numerarlos hasta el ocho. Y si solo te importan dos, numeras dos. Nadie te obliga a poner un número junto a alguien que no quieres.
(La ley tendría que fijarlo; nosotros proponemos que sea libre, con un mínimo de uno.)
Un solo tarjetón, un solo día
No son dos votaciones. No hay que volver tres semanas después. Vas una vez, numeras, y el conteo se hace por rondas esa misma noche, con los mismos tarjetones.
Si tu favorito queda último, tu voto sigue vivo
Cuando nadie pasa de la mitad de los votos que siguen contando en esa ronda, se elimina al último y cada uno de sus tarjetones pasa a contar por el número 2 que esa persona escribió. Tu voto no se anula ni se reparte al azar: va exactamente a donde tú dijiste.
No son tres opciones. Son las que usted quiera.
Mire la papeleta: los números que están escritos no siguen el orden en que aparecen los candidatos. El 1 está en la segunda fila y el 5 en la tercera, porque el número lo pone usted, no la papeleta. Y hay casillas en blanco: son las de los candidatos que este votante decidió no numerar.
Hoy todavía no se vota así. En un tarjetón real de hoy se marca un solo nombre, y escribir números lo anularía: para que esta papeleta exista hay que reformar el Artículo 190 de la Constitución.
Escriba el número de su preferencia: 1, 2, 3, 4, 5… Numere cuantos quiera. No tiene que numerar todos.
RíoCambio3
BahíaRegiones1
AuroraConsenso5
SierraFuturo2
CumbreExperiencia4
LlanoTrabajo- Voto en blanco
Ilustración de la campaña. No es un tarjetón oficial ni un modelo aprobado por la Registraduría, y así no se vota hoy en Colombia: para que este tarjetón exista hay que reformar el Artículo 190 de la Constitución. Candidatos ficticios.
¿Esto es lo mismo que el voto preferente del Congreso?No. Se parecen en el nombre y en nada más.
El número no significa lo mismo.
Esto no es el «voto preferente» de hoy: ese es el de las listas abiertas al Congreso, donde marcas el partido y además el número de un candidato de esa lista (Art. 263A de la Constitución, introducido por el Acto Legislativo 01 de 2003 y reglamentado por la Ley 1475 de 2011). Aquí hablamos de otra cosa: numerar candidatos de partidos distintos, por orden de preferencia, para elegir Presidente.
Voto preferente — Congreso
Marcas una persona dentro de la lista de un partido. El 101, el 102… es el puesto del candidato en esa lista.
Voto preferencial ordinal — Presidencia
En público lo llamamos voto ordenado
Escribes el orden de tus preferencias entre candidatos de partidos distintos.
| Criterio | Voto preferente (ya existe) | Voto ordenado (la propuesta) |
|---|---|---|
| ¿Dónde se usa? | Senado, Cámara, asambleas y concejos: cargos donde se reparten varias curules | Presidencia: un solo cargo en juego |
| ¿Qué marca usted? | El logo de un partido y, si quiere, un candidato de esa lista | Un orden: 1, 2, 3… entre candidatos de partidos distintos |
| ¿Cruza partidos? | No. Su marca se queda dentro de una sola lista | Sí. Puede poner 1 a uno y 2 a otro de otro partido |
| ¿Para qué sirve su marca? | Ordena a los candidatos dentro del partido: define quiénes ocupan las curules que el partido ya ganó | Define quién gana: si su favorito sale de la carrera, su voto pasa entero al siguiente que usted marcó |
| ¿Existe hoy? | Sí: Art. 263A CP · AL 01 de 2003 · Ley 1475 de 2011 | No: exige reformar el Art. 190 de la Constitución |
Son dos sistemas distintos con nombres parecidos. El de la izquierda decide quién, dentro de un partido, se queda con las curules que ese partido ya ganó. El de la derecha decide quién gana la Presidencia.
Esto no existe todavía: hay que cambiar el Artículo 190 de la Constitución. Por eso esta campaña.
Ver por qué hace falta →Votar por el «menos malo» no es elegir. Es resignarse.
El sistema de dos vueltas nos obliga a un cálculo amargo: o votas por tu candidato sabiendo que probablemente no pasa, o votas por otro solo para bloquear a alguien. Y casi siempre toca pagar y madrugar una segunda vez. Con el voto ordenado no tienes que escoger entre las dos cosas.
Desde 1994, casi siempre toca volver a votar tres semanas después. Solo en 2002 y 2006 se resolvió de una.
Plata pública que se va en repetir una elección por lo mismo.
Se cuenta, sí. Pero ya no decide nada. Y en la segunda vuelta te toca escoger entre dos que quizá no querías.
Cifras de la investigación de la campaña (Etapa 1). El costo de la segunda vuelta es una estimación de orden de magnitud, no una cifra oficial; por eso decimos siempre «cerca de».
Y esto, ¿cómo se cuenta?
Ya sabes qué es: numerar en vez de marcar uno solo. Ahora la parte que a todo el mundo le da desconfianza — cómo se cuentan esos números. Son tres reglas y no hay una cuarta.
Ordenas, no eliges uno solo
En el tarjetón escribes 1 junto a tu favorito, 2 junto a tu siguiente opción, 3 junto a la que sigue… hasta donde quieras. Un número por candidato. Un solo tarjetón.
Se cuentan las primeras opciones
Se cuentan todos los números 1. Si alguien pasa de la mitad de los votos válidos —en esta primera ronda cuentan todos—, gana ahí mismo y se acabó: sin segunda vuelta, sin volver tres semanas después.
Tu voto se transfiere, no se pierde
Si nadie pasa de la mitad, sale el último y cada uno de sus tarjetones pasa a contar por el número 2 que tenía escrito. Se repite hasta que alguien supere la mitad de los votos válidos activos en esa ronda —los tarjetones cuyas preferencias ya se agotaron dejan de contar—. Tu voto no se anula: cambia de destino, al que tú mismo escribiste.
Ojo, no lo confundasEsto no es el voto preferente del Congreso.
Esto no es el «voto preferente» de hoy: ese es el de las listas abiertas al Congreso, donde marcas el partido y además el número de un candidato de esa lista (Art. 263A de la Constitución, introducido por el Acto Legislativo 01 de 2003 y reglamentado por la Ley 1475 de 2011). Aquí hablamos de otra cosa: numerar candidatos de partidos distintos, por orden de preferencia, para elegir Presidente. Su nombre técnico es voto preferencial ordinal (o voto alternativo, IRV).
Con honestidadLo que este sistema no arregla, dicho de frente.
No es un sistema perfecto ni la cura de la polarización; hay países donde ha tenido problemas y lo decimos de frente. Lo que sí hace: no deja tu voto sin efecto, premia a quien construye acuerdos y decide en un solo día. Cambiarlo exige reformar la Constitución (el Artículo 190). No es fácil, y por eso necesitamos firmas.
Vota y mira cómo se cuenta.
Primero ordenas tu voto. Luego ves, paso a paso, cómo se reparten los votos del último lugar — y exactamente a dónde va el tuyo. Nunca se pierde.
Toca a los candidatos en el orden que prefieras: tu favorito queda de 1°, el siguiente 2°, y así. Es tu voto.
Ordena los que quieras: uno solo, tres, o los cinco. No está obligado a numerarlos todos. Eso sí, si los que marcó se quedan sin opciones, su voto deja de contar en las rondas siguientes — por eso conviene marcar varios.
Esto es una simulación: el sistema no existe todavía en Colombia. En una elección real de hoy, el tarjetón presidencial se marca con una sola equis.
Cuatro historias, una sola idea.
Una saga vertical para redes. Se ven solos, pero juntos cuentan todo: el problema, la cuenta, la solución y el llamado a firmar.
Descárgalos y súbelos donde quieras. Son de la campaña, o sea que son tuyos: publícalos en tu cuenta, mándalos por WhatsApp, pásalos en una reunión. No hace falta pedir permiso ni citarnos.
¿Prefiere que se lo cuenten?
Ocho minutos, dos personas y ninguna letra menuda. Mariana pregunta lo que usted preguntaría; Camilo responde, incluso cuando la respuesta no nos conviene.
No son solo tres opciones
Capítulo 1 · 7 min 50 s
Las voces son sintéticas. El contenido está verificado contra la investigación de la campaña e incluye, a propósito, las críticas y los fracasos documentados del sistema.
- Por qué no son solo tres opciones
- En qué se diferencia del voto preferente que ya tenemos
- Qué ha pasado en Australia en más de cien años
- Dónde ha fallado: Burlington, Nueva York, Reino Unido
- Qué podría pasar en Colombia — y qué no sabemos
Tu objeción ya tiene respuesta. Y está escrita sin trampa.
Dieciocho preguntas, incluidas las incómodas: dónde ha fallado el sistema, qué se vuelve más difícil y qué no podemos prometer. Cuando la respuesta honesta es «no sabemos», lo decimos.
Cómo se vota
¿Solo puedo escoger tres? ¿Qué significa el 1·2·3…?
No, no son tres. El «1·2·3…» es solo la manera corta de decir «usted ordena». En la práctica puede numerar cuantos candidatos quiera: dos, cinco, o todos los del tarjetón. En Australia hay que numerarlos a todos; en Alaska se puede hasta cuatro; en Nueva York, hasta cinco. Lo que proponemos para Colombia es que usted ordene los que quiera, sin tope y sin obligación.
¿Esto es lo mismo que el voto preferente del Congreso?
No. El voto preferente que ya existe sirve para ordenar candidatos dentro de un mismo partido: usted marca el logo y, si quiere, a uno de esa lista, y eso decide quién del partido se queda con las curules que el partido ganó (Art. 263A de la Constitución, introducido por el Acto Legislativo 01 de 2003 y reglamentado por la Ley 1475 de 2011). Lo que proponemos —el voto preferencial ordinal, o IRV, que en público llamamos voto ordenado— ordena candidatos de partidos distintos y decide quién gana la Presidencia. Se parecen en el nombre y en nada más.
¿Y si solo quiero votar por uno y ya?
Puede. Marca el «1» y no marca nada más: es un voto válido y cuenta entero por ese candidato. Lo único que pasa es que, si ese candidato queda eliminado, su tarjetón deja de contar en las rondas siguientes. No se anula, no lo penalizan: simplemente ya no se transfiere. Ordenar un segundo no es obligación; es la forma de seguir en la conversación hasta el final.
¿Qué pasa si mi candidato queda último?
Sale de la carrera y su tarjetón pasa entero al siguiente candidato que usted marcó y que siga compitiendo. No vale medio voto ni un voto de segunda: vale uno completo para su siguiente opción. Si usted no marcó a nadie más, su tarjetón deja de contar de ahí en adelante. Por eso conviene marcar al menos dos o tres.
¿Mi segunda opción le quita votos a mi primera?
No. Nunca cuentan las dos al mismo tiempo. Mientras su favorito siga en carrera, su voto está completo con él y su segunda opción no existe para el conteo. Solo se activa si su primero queda eliminado. Por eso puede poner de primero al que de verdad quiere, sin hacer cálculos y sin miedo a «gastar» el voto.
¿Y los tarjetones, hay que cambiarlos?
Sí. El tarjetón pasaría de una casilla única a una cuadrícula donde usted escribe 1, 2, 3… frente a los candidatos que quiera. Hay que rediseñarlo, probarlo con votantes reales, y cambiar los formularios de escrutinio y las instrucciones a los jurados. Imprimirlo no es lo caro. Lo caro —y lo decisivo— es la campaña para enseñar a usarlo.
Los peros6 preguntas
¿Esto no hace que gane el tibio de siempre?
Con honestidad: puede pasar justo lo contrario. En Burlington, Vermont, en 2009, el candidato moderado —que le habría ganado a cualquiera en un mano a mano— quedó eliminado en rondas intermedias y ganó otro; la ciudad derogó el sistema al año siguiente. Se llama exprimidor del centro y golpea precisamente donde el electorado está partido en dos, como el colombiano. No garantizamos que gane el centro.
¿Quién y cómo cuenta esos votos? ¿Se presta para trampa?
Los cuenta la Registraduría, con los mismos jurados de mesa y en los mismos puestos de votación de siempre. Lo que sí cambia son los formularios: las actas de escrutinio (los E-14) tendrían que rehacerse para registrar ronda por ronda. Y el escrutinio es más complejo: hay rondas de redistribución, exige software certificado y auditado, capacitación extra para cientos de miles de jurados y publicación de resultados ronda por ronda. Esa complejidad es una desventaja real del sistema, no un detalle, y hay que resolverla en la ley antes y no después.
¿Esto no es muy complicado para la gente?
La evidencia está dividida, y así hay que decirlo. En Maine, un estudio del MIT encontró que los votantes reportaron menos satisfacción, menos confianza y más dificultad con el sistema. En Alaska, en cambio, el 99,8 % de los votos fueron válidos tras una campaña fuerte de pedagogía (dato de la Alaska Division of Elections, no de organizaciones promotoras). La diferencia no está en el sistema: está en el diseño del tarjetón y en cuánto se invierta en enseñarlo.
¿Cuándo se sabría quién ganó?
La noche de la elección se conocerían las primeras preferencias. Si nadie pasó de la mitad, el resultado definitivo llega después de las rondas de redistribución. En Nueva York, en 2021, eso tardó semanas y generó confusión pública y una crisis de comunicación. Es un problema real, y es de diseño: hay que definir antes cómo y cuándo se publica cada ronda.
¿Esto favorece a la izquierda o a la derecha?
A ninguna en particular, y la historia lo muestra. Australia lo adoptó en 1918 un gobierno conservador, para que su propio voto dejara de dividirse y regalarle escaños al rival. En Maine les dio seis puntos más a los partidos pequeños. En Burlington eligió al candidato más de izquierda, y la ciudad lo derogó. Depende de cómo se distribuyan las preferencias, no de la ideología.
¿Los partidos me van a decir cómo ordenar mi voto?
Pueden recomendarlo, y eso tiene algo de sano: empuja a que los acuerdos entre campañas se hagan en público y antes de la elección, en vez de negociarse a puerta cerrada durante las tres semanas entre vueltas. Pero el orden lo escribe usted en su tarjetón. En Australia, la mayoría de los votantes de los partidos grandes —cerca del 60 %, según los estudios electorales australianos— no sigue la recomendación de su propio partido.
Qué cambia para el país3 preguntas
¿Se acaba la segunda vuelta? ¿Eso es bueno?
Sí, se acaba como jornada aparte: todo se resuelve el mismo día. Lo bueno: una elección nacional menos, sin las tres semanas de incertidumbre, y un ganador que se arma con las preferencias de todo el electorado y no solo de los votantes de dos finalistas. Lo malo: el conteo es más complejo y el resultado definitivo tarda más. Las dos cosas son ciertas.
¿Cuánto nos ahorraríamos?
Hablamos de un orden de magnitud cercano a un billón de pesos por ciclo, en términos de 2026: es lo que costó montar la segunda vuelta de ese año. No lo presentamos como cifra exacta ni como ahorro garantizado: siete de las nueve elecciones desde 1994 fueron a segunda vuelta, pero 2002 y 2006 se resolvieron en primera. Y hay un costo de transición, por una sola vez, que hay que descontar.
¿Dónde funciona esto ya? ¿Ha fallado en algún lado?
Funciona en Australia desde 1918 —la ley es de ese año y la primera elección general con el sistema fue la de 1919—, en la elección presidencial de Irlanda, y en Maine, Alaska, Nueva York y San Francisco. Y sí, ha fallado: Burlington lo derogó en 2010; Papúa Nueva Guinea lo limitó a tres preferencias y no logró sus objetivos; y el Reino Unido lo rechazó en referendo en 2011, con un 67,9 % de NO. Preferimos que conozca las dos listas.
Cómo se haría realidad3 preguntas
¿Qué hay que cambiar para que esto pase en Colombia?
La segunda vuelta está escrita en el Artículo 190 de la Constitución, así que no basta una ley: hay que reformar la Constitución. La vía más viable es un Acto Legislativo: ocho debates en el Congreso, repartidos en dos períodos seguidos. Después habría que ajustar el Código Electoral y los formularios de escrutinio. Sin el Congreso no hay reforma posible por ninguna vía.
¿Esto aplica también para Congreso, alcaldías y gobernaciones?
Lo que está sobre la mesa aquí es la Presidencia (Art. 190). El estudio también contempla llevarlo a alcaldías y gobernaciones, donde hoy se gana sin ningún umbral de mayoría, y para Congreso, concejos y asambleas propone un sistema distinto —el voto único transferible, que es proporcional—. Son reformas más grandes, con su propia discusión. No las metemos en la misma bolsa.
¿Firmar es lo mismo que votar? ¿Registrarme aquí es firmar?
No, y no. Registrarse en esta página es dejarnos su correo para avisarle: no es una firma. La firma legal se recoge en formularios oficiales de la Registraduría. Primero hay que inscribir un comité promotor, con el respaldo de cerca de 206.000 firmas (5 por mil del censo); solo entonces la Registraduría entrega los formularios y empiezan a correr los seis meses para reunir cerca de 2,06 millones —el 5 % del censo—. Y firmar tampoco es votar: la firma obliga a que el proyecto se radique en el Congreso, no a que se apruebe.
El nombre técnico del sistema es voto preferencial ordinal (voto alternativo, IRV); en público lo llamamos voto ordenado, para no confundirlo con el voto preferente que ya existe para el Congreso. Las dos puertas de firmas: ≈206.435 (5 por mil del censo electoral) para inscribir el comité promotor, y ≈2.064.354 (5 % del censo) en seis meses para respaldar la reforma. Y hoy todavía no se vota así: en un tarjetón real se marca un solo nombre, y escribir números lo anularía. Para que cambie hay que reformar el Artículo 190 de la Constitución.
Una firma obliga al Congreso a recibirlo.
No a aprobarlo.
Con las firmas, el proyecto entra al Congreso por derecho propio: deja de depender de que a alguien se le ocurra presentarlo. Eso es lo que hace una firma. Lo que no hace: aprobar la reforma. Eso lo decide el Congreso en ocho debates, y ahí la firma pesa como presión política, no como voto.
Las firmas válidas se recogen solo en los formularios físicos oficiales que certifique la Registraduría. Aquí te registras para que te avisemos dónde y cuándo firmar.
Quiero que me avisenLa ruta, en orden
- 1≈ 206.435firmas para inscribir el comité promotor ante la Registraduría (5 ‰ del censo). Es el primer paso.
- 2≈ 2,06 Mfirmas de respaldo después (5 % del censo electoral: 41.287.084).
- 36 mesesde plazo, contados desde el día en que la Registraduría entregue los formularios (prorrogables 3 por fuerza mayor).
Registrarte aquí no equivale a firmar. La firma oficial es presencial, en el formulario certificado por la Registraduría, cuando se habilite.
Regístrate para ayudar.
Ojo con dos cosas: esto no es la firma —la firma es en papel, presencial, cuando la Registraduría habilite los formularios— y el voto ordenado todavía no existe: hoy en el tarjetón se marca un solo nombre.
Esto se hace entre muchos. Déjanos tus datos y te decimos cómo aportar según tu tiempo y tu región. Sin spam, sin letra menuda.
- Te avisamos cuándo y dónde se podrá firmar, si llega ese momento.
- Te mandamos material listo para compartir.
- Tú decides cuánto y cómo te involucras.



